Cómo cuidar tus joyas de oro y esmeralda
Cuidado · Kary Mendoza
Una buena joya está hecha para durar generaciones, pero eso no significa que sea indestructible. Con unos pocos hábitos sencillos, tu oro seguirá brillando y tu esmeralda conservará su verde intacto.
Lo primero es dónde vive. Guarda cada pieza por separado —en una bolsita suave o en un compartimento propio— para que no se rocen entre sí: el oro se raya con facilidad, y una gema puede marcar a otra. Un cajón revuelto es el peor enemigo de una joya.
Lo segundo es cuándo quitártela. La joya debería ser lo último que te pones y lo primero que te quitas. Aléjala del cloro de la piscina, de los productos de limpieza, del perfume y la crema aplicados directamente encima. Estos químicos, con el tiempo, opacan el oro y pueden dañar las piedras.
La esmeralda merece un párrafo aparte. Es una gema noble pero delicada, y muchas se tratan con aceites naturales que realzan su color. Por eso nunca la metas en limpiadores ultrasónicos ni la sumerjas en soluciones agresivas: bastan un paño suave, agua tibia y un jabón muy neutro, con delicadeza.
Y de vez en cuando, déjala en manos expertas. Una revisión periódica —que las piedras sigan firmes, que el oro recupere su lustre— mantiene la pieza como el primer día. En Bersaglio acompañamos a nuestras joyas incluso después de que salen por la puerta: si la tuya necesita un cuidado, aquí estará su casa.
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